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  • ¿Qué pasa con el proteccionismo por el coronavirus? 
La tecnología es un factor clave en la reconstrucción de las economías y la cooperación internacional.


A lo largo de los últimos siglos, la globalización nos ha aportado avances sustanciales en numerosos sectores. El comercio internacional elevó la prosperidad material de los pueblos de todo el mundo y ayudó a los países en desarrollo y emergentes a jugar un papel cada vez más importante como socios comerciales y potenciales mercados de venta. 

La actual pandemia de la COVID-19 ha golpeado con agresividad los mercados mundiales, debilitado el comercio y la cooperación internacionales, y acelerado tendencias hacia el proteccionismo y el nacionalismo cuya creciente presencia ya se observaba con anterioridad. La pandemia ha tenido un enorme impacto en las cadenas de valor mundiales: en lugar de proximidad y eficiencia, la distancia y la seguridad han pasado a ocupar el primer plano. Las empresas suspenden las cadenas de suministro y reubican las fábricas. Los Gobiernos aíslan sus economías y hacen acopio de productos de primera necesidad. Aunque el conflicto comercial entre los Estados Unidos y China dominó la escena mercantil internacional en 2019, ahora, la crisis actual ha conducido a un aumento del “distanciamiento económico”. Esta tendencia hace peligrar el bienestar económico en todo el mundo.


  • Guerra comercial entre China y EE.UU 
Las razones que han transformado una guerra comercial entre EE.UU y China en una batalla tecnológica.
Los expertos creen que el veto a Huawei responde al temor de EE.UU a dejar de ser el referente económico y que China quiere hacer frente al monopolio tecnológico de EE.UU, con Google, Apple, Facebook y Amazon a la cabeza. 
La llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU fue el punto de partida para el arranque de una etapa en la que el libre comercio y el multilateralismo como forma de entenderse entre grandes bloques económicos fue suprimida por el proteccionismo. Trump inició una guerra comercial sin precedentes contra China, a la que acusaba de todos los males que sufrían los estadounidenses. El mal se llamaba déficit comercial. Desde principios de la década del 2000, la primera economía del mundo sufrió un proceso de deslocalización industrial sin precedentes que le llevó a pasar de ser exportador a importador y a depender de China, la gran fábrica del mundo. El déficit comercial con China (la diferencia entre los bienes que compra y vende) se ha multiplicado por cinco en los últimos 20 años hasta superar los 600.000 millones de dólares. En 2019 fue el primer año desde 2009 en que ese desfase se redujo. Los aranceles a las ventas de China estuvieron detrás de esa reducción. 
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